Cuando el río suena, “Arena” lleva…

Entre tantas leyendas del Río Magdalena, la que más me resuena en estos días es la creencia popular de que el río habla, solo hay que saberlo escuchar.

Hoy me pregunto si quizás a los organizadores del mega-proyecto “Arena del Río” les faltó saber escuchar una ciudad que acababa de inaugurar “Puerta de Oro”. Que tuvo que comenzar operaciones sin tener el edificio listo y lucha para lograr punto de equilibrio. Incluso recurriendo a alquilar el lote de la segunda etapa que ya debería estar construida, como  parqueadero a cielo abierto y “arena” improvisada para conciertos.

Cuando hablaban de atraer visitantes, tal vez no supieron escuchar el crujido de las viejas bandas que transportan el equipaje de los turistas en un aeropuerto maquillado, de paredes falsas y túneles de pasajeros hechos con andamios en etapa de construcción temporal, que ya parece permanente.

Cuando hablaban de Industrias Creativas, tal vez no escucharon las súplicas de las asociaciones culturales que imploran ayuda para sostener sus presentaciones artísticas, tratando de venderle boletas a un público que entiende por evento cultural, un concierto musical con venta de licor.

Cuando hablaban de múltiples deportes, tal vez no escucharon el silencio en las tribunas de los polideportivos con grandes deportistas que se esfuerzan para entrenar y para comer, viendo que el único deporte que llena estadios es el fútbol y a veces el basquet.

Cuando hablaron de 4 puertos para cruceros, tal vez no escucharon el ruido de los barcos que a cada rato inhabilitan el transporte fluvial, encayándose en bancos de sedimentos que no se dragan adecuadamente.

Porque cuando hablaban de una “arena” multipropósito con una tribuna que se convierte en pantalla, un gramado retráctil que se guarda bajo tierra, super tarimas tecnológicas, estudios de cine y de hoteles cinco estrellas adosados al gran edificio. Tal vez lo hicieron con un admirable volumen de pasión, tan fuerte que no los dejó escuchar.

Uno de los socios más visibles del proyecto es Edgar Rentería y me duele mucho cómo debe estar sintiéndose. Él, que es de pocas palabras, con “Arena del Río” las soltó todas lleno de entusiasmo. Porque nadie mejor que él, quien creció cerca al río, puede hablar sobre soñar en grande. Pero en esta ocasión para Edgar no fue un hit, fue un strike. Espero que no renuncie a seguir queriendo darle lo mejor a la ciudad. Porque más allá de la coyuntura económica, las altas tasas de interés, la devaluación del peso y el aumento de la inflación.  Tal vez, este sueño necesita ser aterrizado porque estaba tan alto que era inalcanzable.

Políticamente incorrecta: “Los que roban pero hacen”.

Una cuento falso muy parecido a la realidad.

Ella es hija del carnaval, se acerca su cumpleaños y acaba de llegar de Paris en un viaje furtivo con su “close friend” con quien paseó por las mejores tiendas para comprar su vestido de compromiso. Es experta en moda, música moderna y Tik Tok. Su sueño es ser influencer de “Life Style”, usar vestidos de diseñador y combinarlos con coreografías “Trending” para ganar seguidores en sus cuentas de redes sociales.

Tiene un apellido de los más rimbombantes de la comarca. Y aunque lo tiene todo para hacer realidad sus aspiraciones sociales y digitales. Su linaje político la obliga a estudiar una carrera “de verdad” para que pueda continuar con el legado de abu y papi.

Desde que tiene uso de razón conoce las injusticias de una sociedad que se divide entre los que tienen carro y los que cogen bus. Se define como una buena persona de alma caritativa, porque desde muy pequeña aprendió a desprenderse de sus muñecas viejas para regalárselas a la hija de Marelbis, su nana.

Es emprendedora. Una vez vio por internet cómo se podía hacer “granola fit” en casa y luego de tener varias horas a Marelbis moliendo granos logró una combinación de cereales y frutos secos que sus “amis” amaron. Ahora Marelbis después de atender a la familia se trasnocha horneando los cereales para que al día siguiente el chofer de la casa pueda hacer los repartos de sus fieles clientas, las amigas de las amigas.

Gracias a su educación bilingüe en el colegio y las charlas políticas de los domingos en casa desarrolló el pensamiento crítico que será el cimiento de su promisoria carrera. Aprendió a diferenciar entre los izquierdosos vagos que quieren todo regalado y los empresarios que generan riqueza para un país con más gente de bien.

En las elecciones pasadas ejerció por primera vez su derecho ciudadano de votar. Fue con papá y abu al puesto en donde se inscribieron, vistió el “outfit” democrático, el que combina blusa blanca, jeans bota ancha, tennis y gafas oscuras. Después de mostrar su cédula, recibir el tarjetón, ubicar el partido y rayar el número que le instruyeron. Sacó su celular y se hizo una selfie desde arriba, mostrando el tarjetón y haciendo la señal de victoria con sus dedos.

En la tarde, cuando la registraduría ya anunciaba que el candidato de su preferencia volvía a quedar, mientras tomaba un helado vegano en una cafetería de la ciudad, la escuché celebrar con la más normal, sincera y triste reflexión ciudadana. “Roba pero hace”.

Carnaval de Barranquilla: “Batalla de Marcas”

Después de varios años que no caminaba la Batalla de Flores, este carnaval me fui con el dedo en el obturador listo para disparar mi cámara y capturar la tradición. ¡Vaya decepción!

Ni dando brincos de Marimonda logré una toma limpia, no hubo encuadre que se salvara de una valla publicitaria con marcas que en vez de adornar, van es a gritar.

Esto me lleva a una reflexión con la cual quiero humildemente dar mi opinión.

Soy marketero de profesión, pero cuando se trata de diseñar un patrocinio para una fiesta de tradición, existe una línea que como profesional no se debe cruzar. Las marcas deben apoyar, pero no ensuciar.

Este ejercicio de control es urgente de reglamentar en nuestro carnaval. Soy amigo de la casa, entiendo y he vivido el desespero por lograr una venta comercial para apoyar a los grupos folclóricos, los artistas de las carrozas, los gestores que con tanto esfuerzo hacen que el carnaval siga vivo.

Porque es verdad, el carnaval es costoso, me consta. Y el apoyo de las marcas es crucial para que la fiesta se siga haciendo.

Pero ¿hasta qué punto estamos dispuestos a convertir una muestra artística en una suerte de pasquín publicitario?

Si bien son muchísimos los eventos de carnaval, no nos digamos mentiras, la Batalla de Flores es la joya de la corona, el desfile en el que todas las marcas quieren estar. Y son esas estampas de este desfile las que recorren el mundo entero, las que publican todos los medios y las que llegan a millones de cuentas de redes sociales. Es este desfile el que más debemos cuidar, porque si en esas imágenes lo que se aprecia en vez de un patrimonio cultural es un carnaval pero de marcas, perderemos nuestra esencia y canibalizaremos nuestro propio producto.

Esto me lleva a la siguiente opinión…

En primer lugar, las marcas y las agencias de publicidad, debemos hacer un pacto por el respeto a la tradición. Participar en un desfile de carnaval no es una estrategia transaccional sino de posicionamiento. Es decir, uno no participa en un desfile con la intención de vender, sino de mostrar la marca de una manera acorde al momento, con respeto, pero sobretodo, con buen gusto.

Y en segundo lugar, propongo declarar la Vía 40 libre de vallas publicitarias. Sin cenefas y sin publipostes. Que los patrocinios de marca sean carros móviles que funcionen como separadores de bloques de desfiles. Los que tengan más presupuesto hagan sus trailers y bajo supervisión hagan el ruido de marca que quieran, pero que para el espectador sea un disfrute (o un esperpento) pasajero.

La exposición de marca en los palcos que sea hacia dentro, controlar aún más el merchandising que se reparte, procurar que sean elementos que no vuelen y que no ensucien la vía. Además, comercializar las boca-calles como zonas de experiencia al mejor estilo de las “fan fest” de los mundiales de fútbol.

Si logramos hacer un pacto y ayudamos a los organizadores a implementar nuevas reglas de participación en la Batalla de Flores, despejaremos visualmente el desfile y podremos tener estampas para recordar la Batalla de Flores como lo que debe ser, una muestra artística y no publicitaria.